Sobre perros y tumbas

Sobre perros y tumbas
9 diciembre, 2023 12:30 pm

 

Juan Alberto Hernández Ortiz

No, no crea el amable lector que el título hace referencia a alguna versión oculta de la célebre segunda obra de Ernesto Sábato, Sobre héroes y tumbas, considerada la mejor novela argentina del siglo XX y una de las obras cumbres de habla hispana. Quizás haya coincidencia entre el título de esta reseña y el libro de Sábato en que se alude a una particular visión sobre la soledad…

Comparto al lector algunas reflexiones que tuve este fin de semana en que viajé a mi tierra natal, para visitar las tumbas de mis seres queridos ya fallecidos; ahí, acompañado de mi madre, pudo ver por una parte que la tradición de visitar a los muertos “aún no muere, pero presenta cierto estado de salud delicado”. Me explico: vivencié que en efecto, hubo gente comerciando flores, comida y demás productos estos días, así como gente cargando flores, arreglando tumbas, vaya, hasta nos tocó un entierro el día primero de noviembre con todo y músicos; sin embargo, hará décadas que -siendo niño- era para mí toda una aventura acompañar mi familia al panteón, donde ríos de gente hacía difícil el libre tránsito y provocaban que nuestros padres nos tomaran de la mano para no perdernos entre la muchedumbre.

En la actualidad en varias ciudades del estado y del país, la afluencia a visitar las tumbas de los fieles difuntos merma en proporción directa al creciente número de festividades y expresiones artísticas sobre la muerte: festivales, concursos de altares y de catrinas, bailes, convocatorias a reunir el mayor número de catrinas, construir la catrina más grande para inscribirla a los “records guinness”… todo muy loable desde el punto de vista cultural, pero lo cierto es que, como dije en un principio, la tradición de visitar a los muertos “aún no muere, pero presenta cierto estado de salud delicado”.

Este hecho me hizo recordar una película clásica para cinéfilos y amantes de los perros: Siempre a tu lado, película estadounidense de 2009 protagonizada por Richard Gere y basada en la historia verídica del perro japonés Hachiko, del que se hizo la película japonesa de 1987, Hachiko Monogarati. Como suele suceder, a veces la realidad alcanza y supera a la ficción, de tal suerte que historias como el de Hachiko las hay por varias partes del orbe. Se trata de conmovedoras muestras de lealtad de los perros -hay casos también de gatos, y no dudaría hubiere de otras especies animales- más allá de la muerte misma de los seres humanos con que convivieron.

En casos así, asaltan las dudas para nosotros de ¿por qué un animal puede manifestar tal grado de memoria (siempre recuerda el lugar exacto -la tumba- donde se encuentra el cuerpo yaciente de quien fue su dueña o dueño)?, ¿cómo es posible que algunos animales manifiesten ese grado de afecto que en muchos casos los humanos no somos capaces de expresar -vieran la cantidad de tumbas dejadas al olvido, herrumbradas del paso del tiempo, que vi en mi tierra natal, y que de seguro las hay en cada cementerio del país-?; ¿acaso tendrán -o tuvieron- tal grado de conexión entre mascota y amo que mantiene incólume este invisible lazo?

Las respuestas desde luego no las poseo, dejo al lector sus propias conjeturas, y para aquellas personas que han sabido sembrar un legado de amor entre sus seres queridos, aun entre sus mascotas, tengan por seguro que sus sepulcros serán visitados, sea por humanos o quizás por un melancólico pero incondicional Hachiko.

hoja8702005@gmail.com

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