- Adrián Ciprés Chávez presentó su examen de grado del Doctorado en Ecología Tropical del Centro de Investigaciones Tropicales
- Su proyecto analizó experiencias de conservación y cuidado territorial en el Sistema Lagunar Costero de Mandinga, Veracruz
David Sandoval Rodríguez / Fotos: César Pisil Ramos
Xalapa, Ver.- La conservación biocultural y la participación comunitaria constituyen elementos fundamentales para atender los desafíos socioambientales que enfrenta el Sistema Lagunar Costero de Mandinga (SLCM), afirmó Adrián Ciprés Chávez durante la presentación de su examen de grado del Doctorado en Ecología Tropical del Centro de Investigaciones Tropicales (Citro) de la Universidad Veracruzana (UV).
Su trabajo recepcional, titulado “Conservación y cuidado del territorio: experiencias participativas en el Sistema Lagunar Costero de Mandinga, Veracruz, México”, fue dirigido por la investigadora Beatriz Torres Beristain.
Al exponer los resultados de su investigación, Ciprés Chávez compartió que su acercamiento a la región surgió a partir de su interés por el estudio de las aves, experiencia que posteriormente lo llevó a involucrarse con las problemáticas ambientales y sociales que enfrentan las comunidades asentadas en torno al sistema lagunar.
El investigador explicó que más de mil millones de personas habitan zonas costeras de América Latina y que desde la década de 1980 se ha observado una tendencia de desplazamiento poblacional hacia estos territorios.
Este proceso ha favorecido el crecimiento de desarrollos inmobiliarios y turísticos que en diversos casos generan conflictos de intereses y aumentan la fragilidad ecológica de los ecosistemas costeros.
En ese contexto, señaló que el Sistema Lagunar Costero de Mandinga se encuentra inmerso en la dinámica de expansión de la denominada Riviera Veracruzana, un proyecto de desarrollo urbano, inmobiliario y turístico que ha transformado significativamente la región y ha dado origen a una compleja problemática socioecológica.
Para abordar este escenario, la investigación se apoyó en los postulados de la ecología política, perspectiva que busca comprender los intereses, percepciones, relaciones de poder y procesos de distribución de beneficios y afectaciones ambientales que intervienen en contextos territoriales complejos.
Asimismo, destacó que la conservación biocultural y el cuidado del territorio fueron concebidos como bienes comunes, desde una visión orientada a fortalecer la comprensión de las relaciones entre naturaleza y cultura, así como a generar alternativas frente al deterioro ambiental y social.
El trabajo se desarrolló mediante un enfoque participativo de gestión e investigación socioecológica, privilegiando el diálogo de saberes y la construcción colectiva de conocimiento entre habitantes, organizaciones y actores vinculados con el territorio.
Ciprés Chávez explicó que el estudio se realizó en dos etapas de trabajo de campo, entre 2022 y 2024, periodo durante el cual documentó experiencias comunitarias, entrevistó a diversos actores locales y sistematizó iniciativas relacionadas con la conservación y el cuidado ambiental.
Entre los hallazgos identificó una tendencia de expansión de la Riviera Veracruzana sobre áreas rurales y espacios asociados al sistema lagunar, proceso que ha incluido la transformación de tierras ejidales en comunidades como Mandinga y Matoza, El Conchal y Antón Lizardo.
De acuerdo con los datos presentados, entre 2000 y 2023 se perdieron 71.4 hectáreas de manglar debido a cambios de uso de suelo.
Señaló que su papel consistió principalmente en interpretar y sistematizar experiencias participativas impulsadas por distintos sectores sociales, destacando que, lo que comenzó como un interés académico individual, se transformó gradualmente en una labor colectiva vinculada con diversos esfuerzos de conservación.
Las entrevistas y actividades realizadas permitieron identificar problemáticas relacionadas con la contaminación, el crecimiento urbano, la sobrepesca y las disputas por el territorio.
Estos procesos, indicó, también han contribuido al debilitamiento del tejido social local debido a la incorporación de dinámicas urbanas en comunidades tradicionalmente vinculadas con actividades pesqueras y rurales.
Entre los resultados destacó la participación de organizaciones de mujeres que buscan incidir en la atención de los problemas socioambientales de la región; también observó oportunidades para involucrar a las juventudes mediante actividades como la observación de aves y otras iniciativas de educación ambiental.
Asimismo, identificó una participación limitada de algunas cooperativas de pescadores artesanales, situación que consideró un reto, pero al mismo tiempo una oportunidad para impulsar nuevos mecanismos de involucramiento comunitario en los procesos de conservación.
Como parte de sus conclusiones, propuso fortalecer a nivel local espacios de encuentro y deliberación colectiva, como asambleas comunitarias, promover liderazgos femeninos y garantizar el acceso a la información para la población.
De igual forma, planteó la importancia de respaldar a las organizaciones ciudadanas que buscan incidir en las decisiones públicas relacionadas con el territorio y los recursos naturales, así como continuar construyendo redes de colaboración con grupos dedicados a la conservación del sistema lagunar.

