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A 35 años del desastre de Anaversa, UV analiza sus impactos y lecciones 

Yaqueline Antonia Gheno Heredia mencionó que el foro representa un acto de memoria activa, un ejercicio crítico

Eduardo Cañedo Lomán 

Ixtaczoquitlán, Ver.- A más de tres décadas del desastre químico de Agricultura Nacional de Veracruz (Anaversa), ocurrido en 1991 en la ciudad de Córdoba, Veracruz, la Universidad Veracruzana (UV) llevó a cabo un foro convocado por el Área Académica de Ciencias Biológicas y Agropecuarias y la Vicerrectoría Orizaba-Córdoba, en coordinación con la Asociación de Asistencia a los Afectados por Anaversa, A. C. 

“Análisis de las lecciones aprendidas y las reflexiones generadas sobre el desastre de Anaversa 1991-2026”, fue el tema de dicho evento que reunió a especialistas, académicos y organizaciones sociales con el propósito de revisar las consecuencias de este suceso y su vigencia en el contexto actual.  

Cabe recordar que el 3 de mayo de 1991, la explosión en la planta de plaguicidas liberó una nube de sustancias tóxicas que, al incendiarse, provocaron secuelas que persisten hasta hoy, reflejadas en afectaciones a la salud, como enfermedades crónicas, y en daños al medioambiente. 

La bienvenida estuvo a cargo de Yaqueline Antonia Gheno Heredia, directora general del Área Académica de Ciencias Biológicas y Agropecuarias, quien señaló que este foro representa un ejercicio de memoria activa y reflexión crítica para comprender los impactos ambientales, sociales, sanitarios y legales que, décadas después, continúan afectando a distintas generaciones, “que este encuentro nos permita no solo analizar lo sucedido, sino también fortalecer nuestra capacidad de respuesta ante los desafíos actuales y defender el derecho a un ambiente sano”, expresó. 

Mario Roberto Bernabe Guapillo Vargas fue el encargado de realizar la inauguración formal de la jornada

Es importante recordar que alrededor de medio día del 3 de mayo de 1991, se inició un incendio en la planta formuladora de plaguicidas ubicada en el barrio La Estación, donde se almacenaban toneladas de sustancias altamente peligrosas, las cuales, al exponerse a altas temperaturas, liberaron dioxinas y furanos, compuestos extremadamente tóxicos y persistentes que formaron una densa columna de humo negro que cubrió gran parte de la ciudad.  

A esto se sumó la falta de protocolos de seguridad de la época, bomberos y voluntarios combatieron el incendio con agua, lo que provocó una reacción química que dispersó los contaminantes a través del drenaje y el suelo hacia colonias cercanas. 

De acuerdo con especialistas, las consecuencias no fueron únicamente inmediatas, sino también de largo plazo, toda vez que, tras varias décadas, asociaciones de víctimas han documentado altos índices de cáncer entre personas que vivían o estuvieron expuestas en la zona, así como malformaciones congénitas en hijos de sobrevivientes, problemas dermatológicos, daños hepáticos y enfermedades respiratorias persistentes, entre otros padecimientos. 

“Hemos enfrentado diversas enfermedades y pérdidas irreparables, lo más grave fue la negación total del gobierno hasta que en 2022 el cabildo de Córdoba reconoció que el desastre de Anaversa había sido real; antes de ello, se consideraba un mito”, comentó Rosalinda Huerta Rivadeneyra, presidenta de la Asociación de Asistencia a los Afectados por Anaversa, A. C. 

Trabajadoras de una guardería en las inmediaciones de Anaversa intentando salvaguardar a niños (fotografía de archivo https://www.uv.mx/cienciauv/blog/25anosanaversatragedia/)

En este contexto, recordó que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) emitió la recomendación 99/91 el 29 de octubre de 1991, en la que solicitó la realización de estudios para detectar sustancias tóxicas generadas durante el incendio, mencionando de manera específica dioxinas y fosgeno. 

Huerta Rivadeneyra también destacó que un estudio epidemiológico posterior reveló que al menos un tercio de la población de Córdoba estuvo expuesta a la nube tóxica; asimismo, se tomaron muestras de suelo en el predio de Anaversa, las cuales fueron analizadas en un laboratorio especializado en Estados Unidos. 

“Los resultados evidenciaron la presencia de dioxinas en niveles alarmantes, con concentraciones hasta 245 veces superiores a los límites permitidos por estándares de suelo en Estados Unidos”. 

Durante la jornada se abordaron temas como la toxicidad de los compuestos organofosforados y sus tratamientos, la contaminación del aire vinculada al evento, la presencia de sustancias tóxicas en el suelo y sus efectos en la salud humana, así como la relación entre la contaminación ambiental y enfermedades como el cáncer, analizando además los cambios en las políticas ambientales en México posteriores al desastre. 

Víctimas y madres de hijos fallecidos a raíz de la tragedia Anaversa relataron lo sucedido durante el incendio (personas sobrevivientes que aparecen en la foto de archivo)

En este sentido, Olga Lidia Valenzuela Limón, académica de la Facultad de Ciencias Químicas, subrayó la necesidad de realizar estudios retrospectivos sobre el impacto en la salud, a partir de la incidencia de enfermedades reportadas por el Sistema Nacional de Salud de 1991 a 2025 en población expuesta a plaguicidas, particularmente trabajadores del campo. También propuso cuantificar las concentraciones de estos compuestos en suelo, agua, alimentos y organismos vivos, con el fin de evaluar los riesgos. 

De igual manera, se hizo énfasis en propuestas orientadas a la sostenibilidad, que incluyen la remediación de suelos, la atención médica a comunidades afectadas, la defensa del derecho a un entorno saludable, el manejo adecuado de envases de plaguicidas y alternativas que fortalezcan la soberanía alimentaria. 

Especialistas coincidieron en que el caso Anaversa continúa siendo un referente clave para comprender los riesgos asociados al uso intensivo de plaguicidas y fertilizantes químicos. Estas sustancias, ampliamente utilizadas en la agricultura, pueden ocasionar desde intoxicaciones agudas hasta enfermedades crónicas, además de generar severos impactos en los ecosistemas. 

Como parte de las actividades de la jornada, se exhortó a las y los asistentes a sumarse a la recolección de firmas para impulsar la construcción de un Hospital General Regional de Cancerología en Córdoba, a través de la plataforma Change.org. Esta iniciativa responde a la creciente demanda de atención hospitalaria en la región, donde cada vez se registran más casos de distintos tipos de cáncer.

Comunidad universitaria, sobrevivientes de la tragedia y asociaciones civiles se dieron cita en la USBI Campus Ixtaczoquitlán
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