- Desde perspectivas sociales, históricas y culturales, en conversatorio por el 15 aniversario de la Maestría en Arquitectura
- El proceso de investigación implica no solo la generación de conocimiento, sino también una transformación personal y profesional que redefine la manera de entender y ejercer esta disciplina, dijeron
David Sandoval Rodríguez / Fotos: Omar Portilla Palacios
Xalapa, Ver.- En el marco de las actividades académicas por el decimoquinto aniversario de creación de la Maestría en Arquitectura de la Universidad Veracruzana (UV), se llevó a cabo un conversatorio con egresadas y egresados de distintas generaciones, quienes compartieron sus experiencias de investigación, evidenciando la diversidad temática, metodológica y conceptual que caracteriza a este posgrado.
El foro que tuvo lugar en el Aula Verde de la Facultad de Arquitectura, se originó en consonancia con el Día Internacional de los Monumentos y Sitios, celebrada el 18 de abril, y fue presentada por Gladys Martínez Aguilar, coordinadora del posgrado, y moderada por la docente de su núcleo académico, Polimnia Zacarías Capistrán, quien contextualizó la evolución de la línea de investigación del programa, la cual ha transitado de un enfoque centrado en la conservación y restauración del patrimonio, hacia perspectivas más amplias como la teoría, historia y crítica de la arquitectura, hasta su actual formulación orientada a la innovación conceptual del proyecto urbano-arquitectónico.
“Todas las tesis tienen que ver con un eje patrimonial, pero ya no con la intención del objeto en sí mismo”, explicó Zacarías Capistrán, al señalar que el interés actual radica en problematizar los procesos urbanos y arquitectónicos desde su complejidad social, cultural e histórica.
En este contexto, José Luis Hernández Castro, estudiante del programa, compartió su investigación sobre los actores sociales en la construcción del patrimonio, una línea que surgió de su participación en asociaciones civiles dedicadas a la difusión cultural.
“Además de intentar difundir lo que es el patrimonio, hay muchos problemas que están inmersos en la gestión, en la parte política”, señaló.
Para el estudiante, uno de los principales retos ha sido “saberse separar” de su propia experiencia para analizar críticamente los fenómenos, incorporando herramientas de disciplinas como la filosofía, la historia y la geografía; “el saber no es todo, hay mucho más allá”, afirmó.
Por su parte, Eduardo Domínguez Espinoza, egresado de la primera generación, abordó su trabajo sobre el barrio de San José desde los imaginarios urbanos y la percepción social.
Destacó que su investigación le permitió cuestionar enfoques tradicionales de la arquitectura: “A veces creemos que las cosas se tienen que hacer de una sola manera”.
A través de metodologías más cercanas a la gente, como entrevistas informales en espacios cotidianos, el egresado logró identificar los referentes simbólicos de la comunidad.
“Conocer el punto de vista de las personas abre mucho los ojos como arquitectos”, subrayó, al enfatizar el impacto social de la disciplina.
Laura Castro González centró su intervención en la construcción teórica de su tesis, en la que planteó el proyecto arquitectónico como patrimonio cultural y disciplinar.
Explicó que uno de los mayores desafíos fue articular dos conceptos amplios y con diversas acepciones: patrimonio y proyecto.
“Tuve que hacer un recorrido histórico y conceptual para entenderlos y poder integrarlos”, indicó la egresada, cuya investigación se apoyó en la antropología y la historia, permitiéndole concluir que “lo que nosotros hacemos son productos culturales” insertos en contextos específicos.
Asimismo, destacó la importancia de interiorizar los conceptos más allá del discurso académico para trasladarlos al ejercicio profesional.
Finalmente, Karla Lozano Merino compartió que la suya fue una experiencia marcada por las condiciones de la pandemia por COVID-19, que influyeron directamente en el desarrollo de su investigación.
“Fue muy complejo, no les voy a decir que fue fácil”, expresó al comentar que su trabajo, centrado en el análisis de la vivienda del siglo XIX a partir de la literatura de viajes y costumbrista, implicó retos metodológicos importantes, como la delimitación del tema y la búsqueda de fuentes en un contexto de confinamiento.
“Una cosa es hacer la investigación y otra escribirla”, comentó al reconocer las dificultades en la construcción del discurso académico.
No obstante, destacó el acompañamiento docente y el trabajo entre compañeros como elementos clave para concluir el proceso: “Los maestros te incentivan a que sigas y a que termines”, recordó.
A lo largo del conversatorio, las y los participantes coincidieron en que la formación en la maestría les permitió ampliar sus marcos de referencia, incorporar herramientas interdisciplinarias y desarrollar una postura crítica frente a los fenómenos arquitectónicos.
Asimismo, resaltaron que el proceso de investigación implica no solo la generación de conocimiento, sino también una transformación personal y profesional que redefine la manera de entender y ejercer la arquitectura.

