- Bárbara Valdés Benítez, del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, declaró que centrarse en un ideal corporal excluye a quienes no encajan en el modelo
Carlos Hugo Hermida Rosales / Fotos: César Pisil Ramos
Xalapa, Ver.- Bárbara Valdés Benítez, investigadora del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales (IIH-S) de la Universidad Veracruzana (UV), mencionó que es fundamental reconocer y visibilizar las corporalidades disidentes, que tradicionalmente han sido objeto de discriminación.
Al dictar conferencia en el Salón Azul de la Unidad de Humanidades, en el segundo día del Festival de la Palabra “Corporalidades que hablan” organizado por la Facultad de Antropología, explicó que esta situación ha permanecido invisibilizada mucho tiempo, pues hasta hace poco no era reconocida como tal.
“Sin embargo, gracias al impulso del activismo gordo —movimiento que busca el respeto hacia la diversidad corporal—, ya se cuestiona el predominio del cuerpo hegemónico caracterizado por la delgadez”, resaltó.
Bárbara Valdés comentó que centrarse únicamente en un ideal corporal excluye a quienes no encajan en el modelo, lo cual se manifiesta en distintos ámbitos, en los que destaca el sistema de salud.

“Las personas con sobrepeso generalmente son etiquetadas automáticamente como enfermas, y eso influye en la calidad de la atención medica que reciben, producto de prejuicios profundamente arraigados”, declaró.
Afirmó que esta problemática se presenta principalmente en la industria de la moda, la belleza y otros espacios sociales donde la diversidad corporal es limitada, mientras que en el ámbito académico la apariencia física importa en las oportunidades, el trato y la percepción de las personas, lo cual da pie a la discriminación y la exclusión.
Estos prejuicios impactan en el desarrollo escolar, profesional y personal, pues muchas veces la gordura se asocia con la enfermedad de manera errónea, y ello afecta las posibilidades de empleo y las relaciones sociales.
La investigadora aseguró que, en ocasiones, estas dinámicas se reproducen incluso por parte del profesorado, lo que genera desigualdades en el trato al alumnado; añadió que la presión por cumplir con estándares de delgadez recae mayormente en el género femenino y acarrea problemas de baja autoestima, ansiedad y represión.

Bárbara Valdés mencionó que entre las acciones clave para luchar contra la gordofobia se encuentran: dejar de alimentar la cultura de la dieta, hablar de salud en todas las tallas, evitar comentarios sobre los cuerpos ajenos y recordar la imposibilidad de saber todo de alguien con solo verle.
“Espacios de diálogo en contextos estudiantiles como los proporcionados por el festival, son de gran utilidad para socializar estas problemáticas y fomentar una mayor conciencia colectiva”, concluyó.





