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Llama iglesia católica a no «echar las campanas al aire» porque aún falta mucho para alcanzar la justicia social

“Más que echar las campanas al aire con ingenuos triunfalismos, hay que reconocer hoy que se ha hecho mucho pero que todavía queda muchísimo por alcanzar, respecto de la justicia social, del auténtico desarrollo integral para todos, del estado de derecho y de una verdadera democracia participativa”, así lo considera la Arquidiócesis de Xalapa en voz del padre Juan Beristain de los Santos.

El portavoz eclesial, vocero de monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, arzobispo metropolitano de esta demarcación eclesial insiste en este comunicado dominical que “Falta la reconciliación con el verdadero pasado de México”.

“Se está todavía muy lejos de alcanzar el auténtico desarrollo para los mexicanos, pues hay millones de personas en el territorio nacional que viven en la pobreza extrema y condenados a no salir adelante de las situaciones estructurales de pobreza, pues no se les ve como agentes de su desarrollo, sino únicamente como receptores de apoyos económicos”, dice el también párroco de San Isidro Labrador en la capital veracruzana.

Al recordar que “el 16 de septiembre del presente año se cumplen 215 años del inicio del Movimiento de Independencia por parte de mujeres y hombres que anhelaban unidad, independencia y verdadera fe, para vivir con dignidad”, el padre Juan Beristain  indica que “este mes patrio es una gran oportunidad para buscar y construir la reconciliación nacional con la historia pasada y con el presente, pues hay todavía muchas narrativas que presentan sin veracidad y profundidad los acontecimientos históricos de México. Es necesario conocer la historia en toda su amplitud y radicalidad para que todo mexicano abrace y nutra su identidad con la grandeza y entrega de mujeres y hombres que forjaron lo que debe ser México”.

“El mes patrio”, asevera el clérigo oriundo de Tezonapa, Veracruz, que  “debe ser un recordatorio permanente para que cada ciudadano, sin exclusión de nadie, trabaje a favor de un modelo de desarrollo que respete la dignidad de la persona y no pretenda corregir la pobreza a través de soluciones que atenten contra los derechos humanos, que promueva el valor de la familia y colabore siempre con conciencia y responsabilidad al bien integral de la familia y de la sociedad, y, sobre todo, que fortalezca la educación de calidad, a fin de que niños, jóvenes y adultos sean mejores personas y ciudadanos para que respeten y promuevan la unidad, la independencia y una verdadera vocación de eternidad”, concluye.

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