ROBERTO YERENA CERDÁN
Hacia 1857, un capitán del incipiente ejército de los Estados Unidos emprende una misión en un territorio donde el gobierno requería mantener el control en un país con zonas ingobernables. El escenario que presencia resulta una mezcla de grupos y personajes en estado de ocupación salvaje de las tierras, por colonizadores, caza recompensas, diversas tribus de indios nativos, mormones, y una mujer y su hijo que intentan cruzar y sobrevivir a toda clase demerodeadores; todos ellos disputando y atribuyéndose derechos mediante la violencia y la crueldad, lo que resulta redundante. Impactado por esa realidad, el militar escribe es su diario: “La paz y la inocencia pierden contra el odio y el miedo. La paz, ahora, es la minoría que cada vez se encoge más. Muy pocos, en estas tierras sienten compasión. La amabilidad básica se endureció, y me temo que disminuyó para siempre. Pocos en esta tierra conocen la benevolencia. Aquí solo hay crueldad.”
Este es, en parte, el argumento de la interesanteserie de Netflix, American Primeval. Nos sugiere quelas formas civilizatorias pueden sedimentarse en el fondo de una cultura; de una identidad del ser nacional. Pueden variar, enriquecerse y llegar a superar lastres de todo tipo. Pero lo cierto es que, de vez en cuando, esos sedimentos se agitan y salen a la superficie. Tal parece que la sociedad estadounidensevive un momento de esta naturaleza, sin simplificar los elementos comunes entre distintos tiempos históricos.La estructura social se ha nutrido de la inmigración original, y de toda aquella que llegó posteriormente, incluyendo la vergonzosa etapa esclavista: africanos, italianos, orientales, centroeuropeos, judíos, latinos. Y esta mezcla enriquecedora, multiracial y multicultural,hoy parece estorbarles. Quizá por ello, la sociedad norteamericana carece de su Laberinto de la soledad, en el cual buscarse a sí misma y saldar cuentas con su pasado.
Quienes, el veinte de enero presenciamos –con verdadero espasmo y en el colmo de la paciencia– la toma de posesión de Donald Trump como el 47º presidente de los Estados Unidos, estoy casi seguro que las primeras impresiones ante el cotexto político, la simbología presente en la ceremonia y los distintos discursos pronunciados, fueron las mismas que se generaron en la audiencia mundial, caracterizadas por cualquier cantidad de señalamientos morales de indignación extrema en torno a la personalidad nefanda del mandatario norteamericano, cuyo impostado juramento con la mano posada sobre la Biblia, dejó una huella de fuego.
Sin embargo, el análisis objetivo que requiere esta nueva realidad prescinde de los juicios axiológicos, por muy justificados que resulten, para dar paso a la identificación de los distintos frentes que pretendeabordar la administración Trump, a nivel regional y mundial, con particular atención en el caso de México. Habrá mucho que pensar y decididir en los países que corren el riesgo de desatibilizarse a partir de las estrategias de Trump, quien intenta reestablecer una nueva hegemonía mundial partiendo de la polarización política, el fortalecimiento interno de su economía, la recuperación de la productividad manufacturera –perdida desde principios de los setentas– y la implementación de una política social segregadoraque, por las primeras evidencias, es el frente de acción más desafortunado, desde el punto vista de los costoshumanos.
Un primer escenario que el gobierno de Trumppretende revertir es el de la balanza comercial entre China y Estados Unidos, donde el país asiático ha venido reportando un superávit desde 1963, que se ha incrementando en forma sostenida, aún en escenarios de recesión; lo que plantea un problema estructural que Estados Unidos no podrá superar simplemente con medidas arancelarias y de industrialización proteccionista sino, acaso, con una combinación compleja de políticas macroeconómicas. Si se concentra la atención en los desequilibrios externos mundiales, debe considerarse que solo China y Estados Unidos representan un tercio del saldo mundial en cuenta corriente (IMF Blog, septiembre, 2024). A finales de 2023, China tuvo un superávit comercial respecto del PIB, del 4.63% (760.883,8 M€); por el contrario, Estados Unidos enfrentó con el país oriental un enorme déficit que representa el -4.16 del PIB (-1.065.264,5 M€). Y no solo eso. Según datos del Fondo Monetario Internacional, China ha aumentado también su participación en las exportaciones mundiales con una variación sostenida del 1.5% respecto de las exportaciones totales, entre 1917 y 2024, superando a Estados Unidos, a Japón, a cuatro países más grandes de la Unión Europea (UE), alresto de la UE, y resto de Asia y América Latina. En este comparativo, la dinámica exportadora de los Estados Unidos es la más baja de todas; mientras que China se ha convertido en una verdadera potencia en esa materia.
Entonces, resulta paradójico que siendo los Estados Unidos la primera economía mundial en cuanto a sutamaño; siendo el tercer lugar en el ranking de la innovación; y el segundo lugar en cuanto a competitividad, estas fortalezas no le sean suficientes para constituirse como una potencia económica global. En los años setenta, cuando la economía norteamericana comenzó a perder competitividad frente a Japón y Alemania, no tuvo más opciones que abrirse al comercio e incurrir a la deuda externa. Pese a ser un país que registraba el mayor número depatentes, su productividad venía a la baja. Fenómenos como la relocalización de las plataformas industriales, las ventajas de mercados de trabajo emergentes y el impacto global del sector financiero, pueden explicar el porqué el catálogo de equipos de Apple se diseña en California, pero se ensamblan en China, por mencionar un ejemplo. Esto significa que las políticas comerciales y de industrialización no se encuentran vinculadas, sino de manera marginal.
Considerando el panorama anterior, la estructura económica configurada a partir de la globalización está muy afianzada y ha generado relaciones basadas en otras articulaciones que operan al exterior. De aquí que las pretenciones de Trump de recuperar lasupremacía económica perdida, no puede sustentarse exclusivamente en la imposición de aranceles a sus competidores comerciales, sin tomar en cuenta el patrón tecnológico vigente y cómo este afecta las cadenas productivas y de comercialización; considerando, además, que la política de repatriación de trabajadores indocumentados vendrá a transformar, en el corto plazo, el mercado laboral sustentado en la población migrante, que siempre ha funcionado como una ventaja comparativa para los Estados Unidos.Este mercado está totalmente segmentado y es poco probable que la mano de obra local fluya facilmente entre sectores y ramas de actividad económica de menor productividad y menores tasas salariales.
La visión ultranacionalista de Trump y sus aliados corporativos –nunca olvidar la influencia de los grupos económicos más poderosos en la esfera del gobiernoy sus infaltables lobistas– ahora se nutre de una serie de conceptos y valores muy profundos que se han manifestado exacervadamente en distintas capas de la sociedad norteamericana, para quienes Trump no es la aberración que parece ser, sino un personaje de lapolítica capaz de catalizar aspiraciones y resolver conflictos de identidad presentes en la nación desde sus orígenes. La carencia de una historia profunda, su génesis fundacional, la conquista y arrase aluvial del territorio, sus “padres fundadores”, su recalcitrante racismo y sus incursiones bélicas localizadas fueron creando aquello que Octavio Paz refirió como el “el trauma del nacimiento” de la nación. Extraños en su propio mundo, buscaron salir para conocerlo, y cuando salieron, atropellaron; de la misma forma como ahora lo vuelven a hacer al interior. Resultado de la inmigración inglesa e irlandesa y de un arraigado espíritu protestante, la mentalidad norteamericana reproduce la esencia insular británica, como lo demostró, en el 2021, la salida del Reino Unido(Brexit) como estado miembro de la Unión Europea, utilizando prácticamente los mismos argumentos que hoy sustenta Donald Trump, sin que ello implique la posibiidad de inaugurar un nuevo orden estable de naciones económicamente autónomas, en una improbable versión de Westfalia II.
Habrá que esperar a que esta nueva era de ejercicio del poder presidencial concluya en los cuatro añoslegales, sin que existan posibilidades de trascender más allá de los resultados obtenidos. Queda, entonces, resistir con paciencia estoica que no se cumpla el escenario distópico de la era Trump; que las cosas vuelvan a recuperar los equilibrios que se hayan perdido y que la comunidad internacional sea capaz de contribuir a este proceso para resistir y neutralizar la andanada de atrocidades que, pese a decir que se encuentran constitucionalmente avaladas, no dejan de ser un desplante de poder que va más allá de tales atribuciones.
Sostengo que el asedio de la administración de Trump en todos los ascenarios abiertos, pesará más en las dimensiones políticas y sociales internas que en las trasformaciones relevantes de la economía mundial. Se esperaría una respuesta en ambos niveles: la reacción de la oposición demócrata y la respuesta social. Lo que lleva a considerar el papel que podrían jugar ciertos sectores de la sociedad estadounidense. ¿Cómo responderán las minorías acechadas?; ¿cómo se reflexionarán estos problemasen los centros académicos?; ¿cómo enfrentarán estas medidas los sectores empresariales afectados?;¿cómo se expresará la intelectualidad crítica?; ¿cuál será el papel de los medios de comunicacióntradicionales y las redes sociales?
El poeta Thomas Stearns Eliot –quien renunciaría a la nacionalidad estadounidense para asumir la británica– pronunció una famosa declaración de principios: clásico en literatura, anglicano en religión y monárqico en política. Este conservadurismo no resultaría tan entrañable, si no fuera porque hoy se sustituye por las nuevas coordenadas de Trump: protecionista en economía; homófobo en cuestión de género; racista en derechos civiles; violentador con lo que se le ponga enfrente; transgresor respecto alorden jurídico; y xenófobo, en cuanto a la inmigración.
La sombra de Trump puede conducir a simplificaciones que no contribuyen a tener una visión informada y matizada de una realidad que aun está por desplegarse en las economías integradas, en el trazo del mapa geopolítico, en la resignificación de la democracia y en las fallidas confrontaciones culturales. No existen mejores o peores culturas. No hay países buenos y malos. Estados Unidos –nuestro distant neighborn, según el periodista Alan Riding– tiene sus claroscuros y sus estereotipos; pero en la zona luminosa se reconocen sus valiosas aportaciones a la cultura y a la ciencia. Sus universidades. Sus museos. Lo mejor de Hollywood. La excelencia y espectacularidad de sus deportes. El blues y el jazz. Sus logros aeroespaciales. Todo ha sido una invención, tardía, pero eficaz, a pesar de sus valores atávicos y sus intimidantes instituciones de seguridad. Pero lo que más contribuyó a darle sentido a su existencia como nación fue su literatura, que ubicó en la geografía inculta los temas que indagan el sentido de la existencia americana, que va más allá de losdesplantes nacionalistas y patrióticos de sus gobiernos.
Donald Trump será para muchos una caricatura grotesca, más próxima a un perfil delictivo que a un jefe de estado –según lo evidencian los seis juicios que enfrentó por diversas causas penales. Pero en la historia política suelen engendrarse esta clase de líderes, tan repulsivos como carismáticos. Esto no puede ser más que el resultado de las posibilidades de la propia democracia liberal, donde estas alteraciones no se encuentran percibidas y limitadas en sus fundamentos y en sus variantes normativas. Solo sugiere que, frente a estos arrebatos, exista la autocontención en las formas y en los proyectos impulsados; porque el congreso y el poder judicial han demostrado su incompetencia para ejercer los contrapesos necesarios en toda democracia, según reza la virtuosa división de poderes. O simplemente este imperativo se diluye sin remedio, bajo ciertas circunstancias.
A quienes les interesa –como programa de investigación– analizar la calidad democrática en otras latitudes, calificándolas como dictaduras, regímenes autoritarios, autocracias constitucionales, baja calidad democrática, deberían considerar si en las democracias fundantes es posible presenciar otraclase de perturbaciones; y deberían preguntarse cuánto resiste un ciudadano real cuando un régimen atenta efectivamente sus derechos y sus márgenes delibertad. ¿Cuestionarían –tan solo atendiendo las atrocidades cometidas en los primeros días del gobierno de Trump– si la Unión Americana representa,hoy en día, una democracia paradigmática? El asalto al poder del trumpismo no es una simple insuficiencia de la democracia. Es parte constitutiva de los márgenes de maniobra de un sistema político montado sobre los valores de la ilustración. Pero los resultados recientes señalan, simplemente, lo que la democracia ya no puede resolver, y es cuando la razón engendra monstruos.
Se ignora quiénes, precisamente, asesoran a Trumpcon tanta convicción. Quiénes, en su malsano juicio, alientan su furia, que seguramente son, en primera instancia, todos los miembros de su gabinete. Hemos visto y escuchado a sus Barbies, a Karoline Leavitt, vocera de la Casa Blanca, y a Pamela Jo Bondi, Fiscal General. Ya escuchamos y vimos a la caradura de Kristi Noem, Secretaria de Seguridad Nacional. A Tom Homan, llamado ridiculamente el “Zar”, cuando es un burdo y brutal cancerbero de la frontera. Y cada vez que abren la boca despiden un hálito amenazador. Serán los “Halcones” del Pentágono y todo el complejo armamentista, el Ku Klux Klan, la Reserva Federal, el Departamento del Tesoro, la Asociación Nacional del Rifle, los tiburones de Wall Street y los programadores de sistemas informáticos quienes resguarden, por un tiempo, los delirios de un sociópata. Estoy seguro que no todo será una calamidad; pero cada paso atentatorio irá causando daños. No habrá que esperar el juicio de la historia para el magnate inmobiliario. Saber de su presencia día a día, resulta suficiente para saber de quién se trata. Y eso infunde algo de temor y una enorme indignación.

