Icono del sitio HoyXalapa

“Sí es posible ser testigo de lo eterno en estos tiempos”: Monseñor Isidoro Abad

Miguel Valera

“Sí es posible ser testigo de lo eterno en estos tiempos”. Así, firme, contundente, responde monseñor Isidoro Abad Olivares, arzobispo primado de la Iglesia Católica, Apostólica, Ecuménica Siervos del Espíritu Santo, al cumplir este día 25 años de haber sido ordenado sacerdote.

Desde el Estado de México, su sede apostólica, desde donde guía a una iglesia que nació en 2013 y cada día se va consolidando más en el país, integrada por sacerdotes y laicos que han encontrado una expresión religiosa más cercana, con mayor vocación de servicio y con un mayor horizonte de inclusión, el prelado católico no romano indica que “a lo largo de estos 25 años lo más difícil ha sido no perder la brújula del por qué me ordené. Me ordené para servir”.

“Lo difícil es entender que un día fui ordenado para el servicio a los demás y no perderme. Lo difícil está en mantenerme todos los días, todos los días ante el por qué o para qué fui ordenado. Entonces es una lucha diaria porque a veces es muy difícil darle muerte a lo humano para que Cristo nazca en nosotros”, reafirma.

Aquí compartimos íntegra la conversación que sostuvimos con el pastor y líder de la Iglesia Católica, Apostólica, Ecuménica Siervos del Espíritu Santo:

— En un mundo tan agitado, convulso, pragmático, donde se prefieren las cosas terrenales ¿qué ha significado para usted 25 años de servicio en la vida religiosa?

“Han pasado 25 años en un abrir y cerrar de ojos. Han significado felicidad, agradecimiento a ese llamado que un día el Señor me hizo, porque Él es quien nos llama, Él es quien decide unirnos a su obra redentora. Han significado eso, agradecimiento a ese llamado que nuestro Señor tuvo hacia mí y que un día depositó en mis manos consagradas el poder ocuparme por la salvación de las almas. Eso ha significado y han sido 25 años que se han ido tan apresuradamente que hoy 15 de agosto, reflexiono y sólo me toca dar gracias, por esa misericordia, por esa mirada de nuestro señor, esa mirada que te transforma, que te trastorna pero que te redime”.

— ¿Es posible servir a Dios, ser testigo de lo eterno en el tiempo, ante tanta humanidad que llevamos sobre nosotros?

“Sí es posible ser testigo de lo eterno en estos tiempos. Aun cuando la humanidad está volcada en todo lo que hoy los medios de comunicación ponen en nuestras manos, tantas plataformas. Pero sí es posible. Si recordamos siempre ese trozo del Evangelio donde Dios nos dice que es necesario que Él suba a la casa del Padre para preparar nuestras habitaciones y reafirma algo: de no ser así yo se los habría dicho».

“Eso es creer en lo eterno, esa reafirmación que Jesús nos hace desde su Evangelio, desde esa doctrina. ¿Qué necesitamos como cristianos? Tratar de que esa humanidad que emana de nuestro ser se siga transformando, ir transformando esa humanidad. Recuerdo que hace dos o tres años el Evangelio del Domingo de Ramos se centraba en la humanidad del ser, aquello que emana, aquello que brota y veíamos en ese juicio que le hacen a nuestro Señor lo que brota, lo que los líderes de esa iglesia judía no querían. No querían reconocer a Jesús como el Hijo de Dios a pesar de que la Sagrada Escritura se los decía, se los afirmaba, pero brota la humanidad, la humanidad a la pérdida de poder. Y dice un sacerdote a cargo que es preferible que muera uno por el mismo pueblo”.

“Sí, sí es posible. Tenemos que transformar nuestra humanidad. ¿Cómo? Buscando primero a Cristo como centro de nuestra vida, después amándonos primero como persona y después al prójimo y en ese amar al prójimo es cuando brota la donación, brota el poder donarnos a otros, pero claro que es posible ser testigo de lo eterno en estos tiempos, como ha pasado siglos atrás”.

—¿Qué ha sido lo más difícil a lo largo de estos 25 años?

“A lo largo de estos 25 años lo más difícil ha sido no perder la brújula del por qué me ordené. Me ordené para servir, no para convertirme en alguien a quien los demás tienen que servir. Ahí está la diferencia del ministerio sacerdotal. En la formación vamos caminando y entendiendo que un día vamos a ser ordenados para servir pero una vez ordenados perdemos la brújula, la guía, aquello que a un marino en alta mar lo guía a tierra y nos convertimos en líderes que sólo buscamos ser servidor por otros”.

“Lo difícil en mí ha sido mantenerme con los pies en la tierra, entender que un día fui llamado para servir a los demás y que ha habido momentos y episodios en donde lo humano a veces nos quiere ganar y en algunos momentos creo que caí por la misma corriente, por la misma vida de otros hermanos que en algún momento u otro nos rebasa y nos lleva en esa corriente. Eso ha sido lo difícil. Lo difícil es entender que un día fui ordenado para el servicio a los demás y no perderme. Lo difícil está en mantenerme todos los días, todos los días ante el por qué o para qué fui ordenado. Entonces es una lucha diaria porque a veces es muy difícil darle muerte a lo humano para que Cristo nazca en nosotros. Esa ha sido la lucha diaria. De lo demás me he entregado a las comunidades día a día pero lo difícil es luchar contra mi propia humanidad para que Cristo florezca en mi”.

— Sacerdote y obispo, ¿ha sido difícil dirigir una iglesia que decidió no seguir la ruta de Roma?

“Mira hermano, lo difícil de ser pastor de estos hermanos que Dios me ha encomendado ante tanto ataque de estos hermanos diocesanos, ahí está lo difícil, porque creamos y ellos destruyen; volvemos a crear y ellos vienen a destruir. Eso ha sido lo difícil. Caminamos día a día, soportando, tolerando, caminando en esa línea en la que nos hace diferente”.

“¿Qué nos hace diferente de los hermanos diocesanos? Nos hace diferente la acción. Eso es lo que crea las vertientes. Está en el servicio y es ahí donde ellos, estos sacerdotes u obispos diocesanos pues sienten que le estamos golpeando día a día cuando nosotros estamos dedicados al servicio. Y algo muy importante dentro del servicio a la salvación de las almas. Y es ahí donde ellos por sus formas, sienten un ataque de nosotros hacia ellos, pero no es así. Lo difícil de ser pastor de esta comunidad de hermanos es soportar día a día tanto ataque, tanto desprestigio de estos hermanos sacerdotes diocesanos. Ahí radica lo difícil, pero bueno, recordemos que Dios no nos da más allá de lo que nuestras fuerzas nos permiten”.

— ¿Qué satisfacciones humanas y religiosas le ha dejado el servir a la Iglesia Católica Apostólica Ecuménica, siervos del Espíritu Santo?

“Como satisfacción humana lo que me ha dejado como pastor de esta iglesia es el acercamiento, esas relaciones humanas con los feligreses, como pastor, esa cercanía, ese decirle soy igual que tú, pero yo un día decidí dedicar mi vida al Señor, postrarme ante Él y estar al servicio por la salvación de sus almas. Eso es lo que más me ha dejado como satisfacción humana, la cercanía con el feligrés. El poder estar un día ante la Secretaría de Gobernación y otro en una cocina de humo, humilde, saboreando una rica tortilla en el comal. Eso me ha traído el poder ser muy cercano a las comunidades, a la feligresía y a aprender a ser verdadero amigo de aquellos que nos abren su casa y su corazón como pastor. Esas son las grandes satisfacciones de dirigir esta iglesia que es más humana, que es más centrada al servicio de los feligreses, porque recordemos, hemos sido ordenados para servir no para que nos sirvan. Desde lo humano esas son mis satisfacciones: la cercanía con la feligresía, el poder estar con ellos, desde sus casas, desde sus hogares, como una iglesia doméstica en la cual caminamos y somos”.

—¿Satisfecho del deber cumplido?

“En estos 25 años, muy satisfecho de lo que he cumplido en materia personal, en mis estudios como psicólogo, como abogado. Me siento muy realizado como pastor que guía a un grupo de hermanos sacerdotes, como pastor que guía comunidades tanto en esta zona del Estado de México como sacerdotes que guían a otros comunidades en otros estados. Muy satisfecho en el Señor. Muy agradecido por esa mirada de Jesús que nos trastornó, que a mi me ha trastornado en lo que es mi Ministerio. Muy agradecido con Dios por esta segunda oportunidad que ya hace varios años me volvió a dar, reivindicar mi ministerio y mi vida consagrada a través de este gran don que un día Él derramó sobre mi cabeza al ser ungido como pastor y guía. También el pasado 26 de mayo cumplí cinco años ya de ser pastor de esta comunidad de hermanos, de esta iglesia que me toca dirigir”.

“Muy satisfecho tanto en mi servicio pastoral como en mi crecimiento de vida. Haber podido concluir otras dos licenciaturas para mi también es algo que me satisface mucho y como día San Pablo, no me quiero vanagloriar en mí mismo sino solo dar gracias a Dios por los regalos que me ha dado en estos 25 años”.

—¿Qué le pediría a Dios para los próximo 25 años de servicio pastoral?

“Primero le pido salud espiritual. De la corporal también me tengo que encargar yo, a estos 53 años de vida. Le pediría a Dios una salud espiritual que vaya transformando más y más mi corazón desde la misericordia que emana de Él para ser un pastor misericordioso, primero con los sacerdotes que me toca conducir y los que se irán agregando de poco a poco. Segundo y también muy importante, ser un pastor misericordioso con mis hermanos, con mis hermanos feligreses en la confesión. Entender que sí, Dios nos ha dado ese poder de atar y desatar pero desde la misericordia de Él, desde esa misericordia que emana de Jesús. Repito: voltear a ver esa mirada de Jesús que nos debe trastornar en la locura, pero en esa locura de la misericordia que emana de Él”.

“Eso le pediría a Dios para los 25 o 20 o los años que Dios me deje. Poder transformar mi corazón día a día más, ser un pastor más misericordioso, primero con los que ha puesto en mis manos, con los que se irán integrando de poco en poco y con la feligresía, sobre todo con el sacramento de la confesión. Ahí es donde debe emanar la misericordia de Jesús. Eso le pido a Dios, que me transforme cada día, que vaya muriendo más mi yo para que nazca y florezca más Cristo en mí”.

Salir de la versión móvil