El gobierno de México rompió anoche relaciones diplomáticas con Ecuador, una vez que en una violación flagrante al derecho internacional y a la soberanía mexicana, la policía ecuatoriana irrumpió en su embajada en Quito, lesionó al personal diplomático y aprehendió al ex vicepresidente ecuatoriano Jorge Glas, quien se refugiaba en el edificio.
Este fue el colofón de un largo día de tensiones entre ambos países. Desde la mañana, en su conferencia de prensa diaria, el presidente Andrés Manuel López Obrador advirtió que había riesgo de allanamiento a la sede diplomática para aprehender a Glas, dado el cerco policiaco que el gobierno ecuatoriano había instalado enfrente. “Vi el exceso de uso de fuerza rodeando la embajada, con mucha prepotencia, pero así son los fachos”, dijo.
No obstante, en dicha conferencia había sostenido que México no preveía romper la relación con Ecuador, cuyo presidente, Daniel Noboa, ordenó el miércoles la expulsión de la embajadora mexicana en Quito, Raquel Serur Smeke.
Horas más tarde, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) confirmó que México dio asilo político a Glas y que solicitaría al gobierno ecuatoriano el salvoconducto para que abandonara el país, lo que Quito calificó de acto ilícito y rechazó entregar el documento. Luego procedió al asalto de la legación diplomática.
Tras la irrupción, López Obrador declaró la suspensión de relaciones diplomáticas con Quito.
En sus redes sociales, el mandatario mexicano señaló: “Me acaba de informar Alicia Bárcena, nuestra secretaria de Relaciones Exteriores, que policías de Ecuador entraron por la fuerza a nuestra embajada y se llevaron detenido al ex vicepresidente de esa nación, quien se encontraba refugiado y tramitando asilo por la persecución y el acoso que enfrenta”.
El jefe del Ejecutivo afirmó que se trató de una violación flagrante al derecho internacional y a la soberanía de México. Por ello, instruyó a Bárcena a emitir un comunicado sobre el hecho autoritario y le pidió proceder de manera legal y de inmediato declarar la suspensión de relaciones diplomáticas con el gobierno de Ecuador.
Según la versión del diario LA JORNADA, la crisis diplomática bilateral escaló ayer a una dimensión inédita, pero se gestó durante los últimos meses. El pasado 17 de diciembre, Glas, vicepresidente entre 2013 y 2017, durante el mandato de Rafael Correa, ingresó a la embajada mexicana para solicitar protección. Sobre él pesa una orden de captura girada por un juez debido a su supuesta participación en un caso de peculado, del cual se ha declarado inocente.
El diario capitalino reseñó que Ecuador había solicitado en México permiso para ingresar a la embajada y detenerlo, a lo que la canciller Bárcena respondió que eso nunca sucedería. El jueves, el gobierno de Noboa declaró persona non grata a Raquel Serur y le dio 72 horas para irse del país, al tiempo que desplegó fuerzas armadas afuera de la sede diplomática.
En la mañanera, López Obrador fue interrogado sobre la determinación ecuatoriana de expulsar a la embajadora con el argumento de que el mandatario mexicano tuvo unas muy desafortunadas declaraciones sobre las elecciones de 2023 en Ecuador y el asesinato del ex candidato presidencial Fernando Villavicencio.
“Nosotros no vamos a romper relaciones ni vamos a hacer lo mismo con el embajador de Ecuador, dejó claro el mandatario, y agregó: por lo que estoy sintiendo, ellos tenían ganas de pelearse con nosotros, pero para eso se necesitan dos”, dijo el tabasqueño.
Lejos de dar la razón a su homólogo ecuatoriano, López Obrador no sólo reiteró las afirmaciones que hizo el miércoles en torno a la forma en que –desde su perspectiva– el asesinato de Villavicencio supuso una subida en las preferencias electorales para Noboa en las pasadas elecciones presidenciales de la nación andina, sino que ahondó en el tema, “para que el pueblo de Ecuador sepa qué fue lo que expresé y no haya manipulación”, y elogió al ex presidente Rafael Correa: hizo un buen gobierno.
Tampoco descartó que otros gobiernos de la región expulsen a embajadores mexicanos. “Puede pasar, porque nuestra postura incomoda a las oligarquías de América Latina, a los que realmente mandan, y también a las fuerzas hegemónicas del extranjero”, expresó.
Por su parte, la SRE informó por la mañana que luego de un análisis exhaustivo, se decidió otorgar asilo a Glas.
El mandatario mexicano subrayó que, pese a este conflicto, el programa que su administración impulsa para la repatriación de migrantes ecuatorianos no se suspenderá.
MÉXICO RECURRIRÁ A CORTE
INTERNACIONAL DE JUSTICIA
Anoche, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) anunció que denunciará ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y otras instancias multilaterales a Ecuador por violaciones al derecho internacional, luego de que la policía de ese país irrumpió por la fuerza en la embajada mexicana en Quito.
La cancillería añadió en un posicionamiento que en cumplimiento de la instrucción del presidente Andrés Manuel López Obrador de romper las relaciones con la nación andina, el personal diplomático nacional abandonará ese país de inmediato.
México espera que Ecuador ofrezca las garantías necesarias para el abandono del personal mexicano, señaló la SRE, luego de que un comando policiaco entró a la embajada, lesionó al personal diplomático y detuvo al ex vicepresidente ecuatoriano Jorge Glas.
“Sin duda vamos a recurrir a todas las instancias regionales, hemisféricas e internacionales para denunciar la violación al derecho internacional y a la soberanía mexicana cometida por el gobierno ecuatoriano”, detalló Bárcena en una entrevista televisiva. “Creemos que este es un momento grave, donde un país como nunca ha violado un principio diplomático esencial de convivencia internacional”, dijo.
La jefa de la diplomacia mexicana reiteró que son inaceptables las acciones del gobierno de Daniel Noboa, que incluyen el asalto a la embajada y la expulsión sin previo aviso de la embajadora Raquel Serur Smeke. “Esto me refleja a mí la falta de experiencia, sinceramente, de la diplomacia ecuatoriana”, opinó.
Hasta la medianoche del viernes, el personal mexicano seguía en Quito, en espera de que el gobierno ecuatoriano garantice las condiciones para su salida del país.
Se había considerado enviar un avión de la Fuerza Aérea Mexicana para repatriar a Serur Smeke, pero hasta anoche no se sabía si las autoridades ecuatorianas permitirían que la aeronave oficial aterrizara en su territorio para llevarse al personal diplomático mexicano o si se debería buscar otro mecanismo para que regresen a México. Una alternativa sería que aborden vuelos comerciales este sábado.
Bárcena agregó que por ahora no se considera la expulsión del personal diplomático ecuatoriano de México y que tocará al gobierno andino valorar qué tipo de representación mantendrá en México una vez rotas las relaciones.
EN GUATEMALA, EN
1980, ÚNICO PRECEDENTE
La experimentada periodista Blanche Petrich, del diario LA JORNADA, reseñó que en América Latina no existe antecedente alguno de que un país haya asaltado una misión diplomática con la fuerza pública, como ocurrió anoche en Quito, cuando la policía nacional ingresó por la fuerza a la embajada mexicana para detener al ex vicepresidente Jorge Glas, a quien el gobierno de México había concedido asilo político.
Sin embargo, anotó que con excepción de un precedente: el cruento ataque cometido en 1980 por el ejército de Guatemala contra la embajada de España, donde fueron quemadas vivas 37 personas, en su mayoría indígenas mayas que habían tomado la sede en protesta por las masacres en su región.
En ese hecho sólo sobrevivió el embajador español Máximo Cajal y uno de los campesinos. La diferencia fue que, con la ocupación de la misión española, los indígenas no pretendían pedir asilo a ese país, sino denunciar las políticas de tierra arrasada que desplegaba el régimen que entonces presidía el general Romeo Lucas García.
Petrich refirió que al amparo de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, suele ocurrir que disidentes políticos o ciudadanos perseguidos acudan a embajadas de sus países para acogerse a la protección del Estado representado. En su artículo 22, el pacto vigente desde abril de 1964 y obligatorio para todos los países firmantes, como Ecuador, señala que las sedes de la misión diplomática son inviolables. Los agentes del Estado receptor no podrán penetrar en ellos sin consentimiento del jefe de la misión.
En los pasados 65 años, las sedes diplomáticas mexicanas han protagonizado destacados momentos de estos procesos de asilo, que la legislación internacional entiende como herramienta de protección a perseguidos políticos. Entre los ejemplos más recordados destacan los años 70, cuando las dictaduras militares arrasaron los países del Cono Sur.
En 1973, cuando Augusto Pinochet consumó el golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende, la sede mexicana llegó a acoger a cerca de 800 personas, en algunos casos familias enteras, que eran blanco de la persecución pinochetista. Otras sedes diplomáticas, como las de Argentina, Suecia y Francia, también abrieron sus puertas a quienes huían, pero ningún otro país desplegó esa protección de manera tan contundente como México, bajo la gestión del embajador Gonzalo Martínez Corbalá.
A pesar de la ferocidad del acoso pinochetista a la embajada mexicana, todos los asilados obtuvieron salvoconductos para viajar a territorio nacional. Entre los primeros estuvo la esposa del presidente Allende, Hortensia Busi.
Tres años después, durante el golpe en Argentina, México nuevamente abrió sus puertas y 68 personas lograron salvar la vida. Buenos Aires también otorgó los salvoconductos, aunque al ex presidente Héctor Cámpora le demoraron tres años y medio el trámite.
En menor escala vivieron lo mismo las embajadas mexicanas en Bolivia, Uruguay y Paraguay.
En los 80, con las revoluciones centroamericanas, el foco de las tareas diplomáticas de protección se trasladó principalmente a Managua y El Salvador. Durante la insurrección sandinista, decenas de familias nicaragüenses buscaron la protección de la sede mexicana, que estaba bajo responsabilidad del diplomático Gustavo Iruegas.
Otro caso, de naturaleza distinta, fue cuando en 2002 un grupo de cubanos en La Habana estrellaron un autobús en la embajada mexicana (el titular, Ricardo Pascoe, no se encontraba en Cuba) en reacción a una declaración del entonces canciller, Jorge Castañeda, invitándolos. Mas de 20 personas invadieron la misión por el boquete abierto buscando que el gobierno mexicano les diera salida del país, pero sin solicitar asilo. El incidente se resolvió cuando el subsecretario Gustavo Iruegas viajó a La Habana y solicitó a las autoridades cubanas el desalojo de los invasores.
En este sexenio, otras misiones mexicanas han sido acosadas por policías. En La Paz, en 2019, a raíz del golpe de Estado de Jeanine Áñez contra Evo Morales, varios funcionarios de su gobierno y sus familiares pidieron asilo en la embajada mexicana. Fueron rodeados y acosados desde el exterior, pero no hubo agresión directa. México les concedió asilo y obtuvieron los salvoconductos necesarios.
Un caso similar ocurrió en Lima a raíz del golpe contra el ex presidente Pedro Castillo. En diciembre de 2022, el mandatario en vías de ser depuesto se dirigía a la embajada mexicana junto con su esposa, su hija menor y el ex primer ministro Aníbal Torre. En el camino, la comitiva fue detenida y Castillo fue arrestado por sus propios escoltas. Su familia logró llegar a la misión mexicana y recibió protección en este país.
México rompe relación con Ecuador tras violenta irrupción en embajada en Quito

