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Necesitamos la luz profunda de la inteligencia y de la caridad para comprometernos y mejorar como ciudadanos: padre Juan Beristain

Los tiempos difíciles y complejos que estamos viendo exigen de todos y cada uno de nosotros buscar una luz que nos permita encontrar el significado y el horizonte correcto, para poder ser agentes transformadores de este tiempo convulso que nos taca vivir y así lograr la vocación nacional que tenemos, así lo expresa el padre Juan Beristain de los Santos, vocero de la Arquidiócesis de Xalapa.

En su pieza informativa dominical, con el titular “La necesidad de la luz de la inteligencia y de la caridad”, el también párroco de San Antonio de Padua en Xalapa, añade: “Necesitamos la luz profunda de la inteligencia y de la caridad para comprometernos y mejorar como ciudadanos las   condiciones complejas y profundas de nuestra realidad nacional: el Estado de Derecho, la madurez de nuestra vida democrática, el combate a la desigualdad social y económica, el ejercicio pleno de nuestras libertades y del compromiso solidario para cumplir con cada una de nuestras responsabilidades, con los demás y con la creación”.

Así, expone: Hoy es tiempo para reconocer y afirmar nuestra propia dignidad de ciudadanos con plenos derechos y obligaciones civiles. Es tiempo dedicarnos a reflexionar para tener la certeza de que somos ciudadanos de este tiempo y de esta nación mexicana, para ser agentes de esta historia nacional y salvífica  que se nos ha concedido.

Los obispos mexicanos, en su documento episcopal llamado del Encuentro con Cristo a la solidaridad con todos, nos señalan dos metas que tenemos como mexicanos: “La familia, el trabajo, la escuela y la universidad, los medios de comunicación, las diversas organizaciones sociales, los partidos políticos y el Gobierno, han de colaborar con el bien común y generar cultura. En estos espacios tiene que fortalecer la cultura de la democracia” (Número 371). El bien común y generar una cultura de vida son tareas que nos pertenecen por ser ciudadanos mexicanos. Es tarea de todos sin exclusión alguna. ¡Manos a la obra!, concluye el padre Beristain de los Santos.

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