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Legalizar fantasías no resolverá nuestros verdaderos problemas, los incrementará: Semanario Alégrate

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Mucho se ha escrito sobre lo mal que estamos y de la percepción de que cada día estamos peor. La institución del matrimonio ha sido deformada a nivel nacional: ya no se regula la familia sino el “amor”, cuestión subjetiva que no es de interés del Estado. Los hijos ya no reciben esa “protección” del Estado. Las mujeres y los niños han quedado en mayor vulnerabilidad, así  lo indica Alejandra Yáñez en el Semanario Alégrate, el órgano de difusión de la Arquidiócesis de Xalapa.

De hecho, un amigo lo decía de broma: hoy en día nos proporciona mayor certeza jurídica nuestro contrato con la compañía telefónica que el matrimonio. El derecho a la vida también ha sido flagelado, ya que el aborto está despenalizado a nivel nacional gracias a las tres jurisprudencias de la Suprema Corte. Algunas personas comentan que en 9 estados el aborto está despenalizado, pero la realidad es que, gracias a la Corte, el aborto es posible en todo el país. Porque, aunque el Código Penal de un estado establezca una pena, todos los jueces están obligados a aplicar las jurisprudencias. Así que si una mujer termina la vida de su hijo concebido pero no nacido, no enfrentará ningún proceso legal. Para nuestros ministros la vida es un derecho “limitado” hacia quienes ya nacieron, expresa la articulista.

En temas de vida y familia, los mexicanos aún tendremos que enfrentar muchas batallas: la eutanasia, la limitación de la patria potestad de los padres de familia, las reformas de la “identidad de género”, los nuevos planes educativos ideologizados en género y comunismo, etc. Hace unas semanas, en las Comisiones unidas de Justicia, Salud y Diversidad se aprobó una iniciativa que sanciona las “terapias de conversión”. La mayoría de los católicos estamos a favor de que ninguna persona sea maltratada ni obligada a tomar tratamientos degradantes. De hecho, la mayoría de nosotros amamos y respetamos a nuestros amigos y familiares con atracción al mismo sexo y no quisiéramos que alguien les diera “electroshocks” para cambiarlos.

Los problemas de esta reforma son varios. Primero, denomina “terapia de conversión” cualquier tratamiento, terapia, servicio o práctica que obstaculice, restrinja, impida, menoscabe, anule o suprima la orientación sexual, identidad o expresión de género de una persona. Es decir, si un persona quiere ir a terapia para conocer los orígenes de su orientación, ya no podrá hacerlo, aunque quiera. Obviamente también se castiga a aquellos padres de familia que busquen ayudar a su hijo menor de edad. El objetivo no debería ser castigar todas las terapias, solo las forzadas. Pero sabemos bien que al colectivo LGTB y el progresismo buscan imponer una sola visión de la sexualidad, en la que todas las prácticas y orientaciones sean normalizadas y bien vistas.

Recientemente, la Sala Regional Especializada del Tribunal Electoral determinó que la diputada federal Tere Castell cometió violencia de género contra el diputado federal Salma Luévano por referirse a él en masculino. Los instrumentos jurídicos pensados para defender a las mujeres están ahora usándose para PROTEGER A UNOS HOMBRES Y CASTIGAR A LAS MUJERES que rechazamos la agenda transexual. Las reformas con motivo de la “identidad de género” quieren OBLIGARNOS A CREER, en contra de toda prueba y de todo sustento científico, que unos hombres pueden ser mujeres si así lo deciden. Lamentablemente los organismos internaconales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos y nuestro gobierno están permitiendo la implementación de un sistema que nos acosa ideológicamente, nos persigue y nos niega nuestros derechos de libertad de expresión y pensamiento.

Esta GESTAPO transexual se está implementando en todos los niveles de gobierno. Hoy en día necesitamos activarnos y difundir que los hombres no pueden convertirse en mujeres ni viceversa. Los derechos humanos de las mujeres se basan en nuestro sexo, no en nuestra autopercepción. Borrar las diferencias estructurales entre mujeres y hombres no solo nos desplaza y desdibuja, también vulnera a la infancia. Por nuestras hijas, por nuestras hermanas, por nosotras. Debemos exigir a nuestros funcionarios que las reformas legales no deben ignorar la biología. Legalizar fantasías no resolverá nuestros verdaderos problemas, los incrementará, concluye.

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