La educación es la gran tarea de nuestro tiempo, y debe pensarse más allá del ambiente escolar. Todo espacio social (ciudad, pueblo, comunidad, vecindario, barrio, sindicato, etcétera) debe ser una oportunidad para madurar, afirmar, y proyectar una vida plena, consciente y trascendente, así lo asegura el ex dirigente estatal del PAN en Veracruz, Bernardo Téllez Juárez en un artículo dentro del Semanario Alégrate, de la arquidiócesis de Xalapa.
“En mi colaboración anterior abordaba parte del trabajo que realiza la Unión Nacional de Padres de Familia. Por lo que ahora quisiera complementar la aportación reflexionando sobre la tarea que han realizado respecto a la educación y formación para los Padres de Familia”, expresa el colaborador del periódico arquidiocesano que se distribuye en toda la demarcación eclesial.
“Estos talleres de educación para Padres de Familia al servicio de una nueva sociedad se implementaron hace algunos años, mismos que fueron un verdadero éxito. Para su realización hubo aportaciones de la Conferencia del Episcopado, Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), la Unión Social de Empresarios de México (USEM) y por supuesto, de la Unión Nacional de Padres de Familia. Acorde al apartado VII”.
“Los Valores Fundamentales, del numeral 197 del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, el cual se refiere a la relación entre principios y valores, nos dice: “La Doctrina Social de la Iglesia, además de los principios que deben presidir la edificación de una sociedad digna del hombre, indica también valores fundamentales.”
“La relación entre principios y valores Talleres de educación para padres de familia es indudablemente de reciprocidad, en cuanto que los valores sociales expresan el aprecio que se debe atribuir a aquellos determinados aspectos del bien moral que los principios conseguir, ofreciéndose como puntos de referencia para la estructuración oportuna y la conducción ordenada de la vida social”.
“Los valores requieren, por consiguiente, tanto la práctica de los principios fundamentales de la vida social, como el ejercicio personal de las virtudes y, por ende, las actitudes morales correspondientes a los valores mismos. Todos los valores sociales son inherentes a la dignidad de la persona humana, cuyo auténtico desarrollo favorecen; son esencialmente: la verdad, la libertad, la justicia, el amor. Su práctica es el camino seguro y necesario para para alcanzar la perfección personal y una convivencia social más humana; constituyen la referencia imprescindible para los responsables de la vida pública, llamados a realizar “las reformas substanciales de las estructuras económicas, políticas, culturales y tecnológicas, y los cambios necesarios de las instituciones”.
“El respeto de la legítima autonomía de las realidades terrenas que lleva a la Iglesia a no asumir competencias específicas de orden técnico y temporal, pero no le impide intervenir para mostrar cómo, en las diferentes opciones del hombre, estos valores son afirmados o, por el contrario, negados”.
“Hasta aquí el numeral, la interpretación del mismo, da lugar a la tarea de estos talleres. La educación es la gran tarea de nuestro tiempo, y debe pensarse más allá del ambiente escolar. Todo espacio social (ciudad, pueblo, comunidad, vecindario, barrio, sindicato, etcétera) debe ser una oportunidad para madurar, afirmar, y proyectar una vida plena, consciente y trascendente. Los Padres de Familia son los primeros responsables de la educación de los hijos. Este es un derecho-deber qué nunca debe delegarse ni transferirse”.
“Es en esta célula fundamental de la sociedad donde se aprenden las cuestiones más delicadas de la convivencia humana y, sobre todo, donde se consolida el sentido de la existencia. Es en ella donde la persona puede reconocerse como tal, con toda su dignidad. y donde aprende a amar en la responsabilidad y en la libertad”.
“Ahí se comenta la vida ética, la capacidad de solidaridad, creatividad y generosidad en la gran tarea de trasformar la sociedad en que vivimos. Es en este espacio de intimidad donde se aprende el arte de la reconciliación, del desarrollo humano, a construir La Paz, a ofrecer la propia vida por el bien de los demás. También es en ella donde se aprende a servir a una comunidad más amplia”, concluye Téllez Juárez.

