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La maldición del Hotel  Xalapa

Juan José Barrientos

Aunque se construyó como una inversión que le debía generar ingresos al Instituto de Pensiones del Estado, el Hotel Xalapa solo le ha ocasionado gastos, y los casi cuatro millones que ese organismo ha invertido en el hotel ya son recursos desperdiciados o dinero perdido.

Hace unos años el IPE tuvo que inyectarle 25 o 28 millones para reponer las sábanas, toallas, colchones, etc. que se gastaron durante el sexenio en que se entregó en comodato a una empresa a cambio de un peso.

En fin, siempre ha estado ligado a la corrupción, y todo hace pensar que sobre esta empresa pesa una maldición.

El  Hotel Xalapa se construyó sobre el terreno que ocupó durante varios años la escuela primaria “Manuel R. Gutiérrez”, que se trasladó a un edificio en la calle de Victoria, donde los niños que antes aprendían las primeras letras en modestas aulas prefabricadas rodeadas de árboles y plantas, se vieron confinados a un bloque de cemento.

La Escuela “Manuel R. Gutiérrez” había estado antes en un desvencijado y tétrico caserón en la calle de Altamirano, y desde que se hizo cargo de la escuela, la maestra Leocadia Montano, dedicó  toda su energía a gestionar la adquisición de una parte de los terrenos de la huerta “Elena amada”.

Logró así que el Gobernador, Marco Antonio Muñoz, visitara la escuela, donde ella le mostró los techos y paredes deteriorados, la humedad, y en general las malas condiciones en que se realizaban las tareas escolares… y lo convenció de que comprara el terreno donde luego se construyeron el cine Carmela Rey y otros edificios del hotel.

Y durante algunos años la escuela funcionó ahí bastante bien, aunque la calle de Bustamante se convertía en un lodazal durante la temporada de lluvias.
Desafortunadamente, a un director del Instituto de Pensiones, se le ocurrió construir en ese lugar el Hotel Xalapa.

Tenía visión para los negocios, “visión empresarial”, pero padecía una especie de daltonismo emocional que le impedía percibir otras zonas de la realidad, y de nada sirvieron todas las consideraciones y los ruegos de la Maestra Leocadia; el proyecto de hotel se impuso por encima de los intereses de los niños.

La maestra seguramente se sintió traicionada por las autoridades educativas que cedieron a los requerimientos de Pensiones y le amargaron los últimos años de su vida.

Algunas personas aseguran haber visto a una anciana de cabellera blanca y mirada intensa en la esquina de Bustamante y Altamirano.

¿Dónde están mis niños?, pregunta, ¿Qué hicieron con mis niños?

Tal vez sería mejor que los edificios albergaran alguna institución de educación como la UPAV o la misma escuela Gutiérrez.

Solo así cesará la maldición del Hotel Xalapa.

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