- Debemos tener información adecuada, confiable y suficiente: Especialista.
- Es importante evaluar los costos sociales de este encierro mundial, consideró.
Daisy Aller
El analizar la pandemia por COVID-19 desde una perspectiva antropológica tiene como objetivo intentar llegar a algunas conclusiones preliminares que permitan redefinir cómo proceder, qué aprendizajes existen, qué políticas públicas y de organización social pueden considerarse como adecuadas para afrontar los futuros desastres provenientes de las pandemias asociadas con la salud, pero debemos tener la información adecuada, confiable y suficiente, aseguró la investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social (CIESAS) de la Ciudad de México, Virginia García Acosta.
Durante la conferencia, Pandemias y desastres, perspectivas antropológicas, organizada por la Universidad Veracruzana (UV) y CIESAS Golfo, consideró que la información que se ha generado hasta el momento, aún proveniente de reflexiones “serias y sesudas” no puede estar basada en auténtico trabajo de campo, con la aplicación de la observación participante que permita recuperar la denominada “realidad real” y no solo una perspectiva percibida e ideada a partir de las múltiples pequeñas etnografías que se hayan podido realizar, así como de cifras y de cálculos que, por confiables que sean, sólo reflejan una parte de esa realidad.
La titular de la cátedra Gonzalo Aguirre Beltrán 2019 aseguró que es muy importante evaluar los costos sociales de este encierro mundial. “La experiencia COVID-19, junto con otras experiencias de alcance global, han demostrado la necesidad de traer el tema de los desastres y las epidemias a la vanguardia de las ciencias sociales, entre ellas el debate antropológico como un espacio adecuado que nos permite ver como los seres humanos confrontan y dan sentido a lo que se está viviendo de manera cotidiana, a través de una lente que enfoca lo local y el nivel comunitario”.
“Los antropólogos sociales, especialistas en conocer y reconocer de cerca las problemáticas a escala local, considerando las condicionantes específicas de la población, sabemos muy bien que no es lo mismo un infectado de coronavirus en Bangladesh, que en Oslo; en una favela brasileira, que en una granja en Nueva Zelanda”.
En ese sentido, explicó que varios autores, a raíz de la pandemia social asociada con la COVID-19, atribuyen la responsabilidad de base al sistema en el que estamos insertos, con reflexiones alrededor de su incierto desenlace, que corre a lo largo de dos extremos: Se trata de una oportunidad para construir otro modelo económico o estamos ante una tendencia inevitable de que este mismo modelo se haga más perverso aún. De ahí la atribución al sistema capitalista mundial de la destrucción de la naturaleza.
“No contamos hoy con datos suficientes como para llegar a conclusiones definitivas. Estamos y estaremos mucho tiempo aún en fase exploratoria. Tenemos múltiples entnografías sueltas y dispersas. Es necesario llevar a cabo un trabajo de campo verdaderamente antropológico directo, a escala local y con mirada crítica, pero si aceptamos que esta pandemia requiere la mirada de una antropología de la globalización, habremos de considerar la posibilidad de generar también monografías multisituadas, rebasando todo tipo de fronteras”, apuntó.
Aún así, Virginia Acosta reflexionó que sin duda podemos aprender del camino ya recorrido desde una perspectiva histórica y antropológica, lo que permite hacer multitud de preguntas para enriquecer la comprensión y la gestión de futuras epidemias a nivel mundial.
Explicó que, aunque ha sido abundante la producción y sobre todo la publicación de material sobre la pandemia desde muy diversas ópticas, al grado de haber alcanzado lo que se conoce en español como “la fiebre del oro en la investigación sobre desastres”, ello ha llevado a resultados desastrosos, con información no verídica, exagerada y con falta de ética por la urgencia de ser el primero en publicar.
Lo anterior ha hecho que se deba realizar una selección minuciosa de la información, que permite concluir que los desastres, incluidas las epidemias, no solo no son un problema no resuelto por el desarrollo, sino que incluso se ven exacerbados por el mismo, indicó la especialista.

