La semana pasada, un tráiler que transportaba alrededor de cien migrantes centroamericanos fue abandonado sobre la carretera Las Choapas-Ocozocoautla, en el sur de Veracruz. Entre ellos, según reportó el pasado lunes la Secretaría de Gobernación (SEGOB), viajaba un joven centroamericano de 25 años de edad, quien murió presuntamente por asfixia en condiciones de hacinamiento, y un niño de dos años de edad que en apariencia iba sin compañía.
De acuerdo con la versión oficial de la dependencia federal, agentes de la Guardia Nacional-División Carreteras hallaron el tractocamión alrededor de las 10:30 horas del domingo 27 de junio mientras implementaban un recorrido de rutina por la zona. Encontraron a un migrante sin vida y a otros que sufrieron cuadros de deshidratación.
Los uniformados prestaron auxilio a ocho indocumentados, cuatro hombres y cuatro menores de edad; los demás huyeron por el monte. El pequeño de dos años, en cambio, fue abandonado semidesnudo en el acotamiento de la carretera, entre ropa suelta, mochilas y comida tiradas; ninguno de los centroamericanos reconoció ser su familiar.
El infante fue remitido a la Procuraduría Estatal de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, con el fin de que asumiera su tutela y cuidado. “Se inició el contacto con el consulado de Guatemala para tratar de localizar a su familia”, dio a conocer la corporación en un comunicado.
Este sábado 3 de julio, apareció la madre: Lorena García, una joven campesina de Honduras que clama porque las autoridades de México le regresen a su hijo que dijo se llama Wilder, el cual, según comentó, había salido sin documentos junto a su padre Noel Ladino, de 26 años, de una aldea en el occidental departamento de Copán, fronterizo con Guatemala, guiados por un “coyote”, para reunirse con familiares que prometieron ayudarles en Virginia.
Buscaban huir de la pobreza de la comunidad rural hondureña cuya población apenas sobrevive de tareas de agricultura y del corte de café en temporada de cosecha.
“Aquí no se halla trabajo para mantenerse, él se fue porque tenemos otra niña (de 6 años) y aquí hay mucha pobreza, pensando salir adelante”, dijo a la agencia Reuters la mujer hondureña, de 23 años de edad, quien aseguró que la familia vivía de los 100 lempiras (4.16 dólares) que obtenía su esposo en los pocos días que obtenía un trabajo.
“Yo quiero que me lo regresen (al niño) porque por eso es que ocurrió todo eso, por ir buscando el ‘sueño americano’, pero no se pudo”, dijo la madre a Reuters, en una entrevista telefónica realizada el viernes pasado.
García aseguró que decidieron con su esposo que migrara junto al pequeño porque les habían dicho que en Estados Unidos estaban permitiendo ingresar a migrantes con menores de cinco años.
“Intentamos que se llevara al niño porque nos dijeron que iba más seguro con el niño, porque estaban dejando pasar gente con menores de edad pero menores de cinco años. Aquí (en la aldea) mucha gente nos decía”, contó la joven madre.
De acuerdo con cifras oficiales citadas por Reuters, miles de hondureños migran cada año hacia Estados Unidos huyendo de la pobreza que golpea a casi un 60 por ciento de la población, agravada por la extendida corrupción y por la violencia generada por carteles del narcotráfico y pandillas que generan en promedio 11 muertes diarias.
Hasta junio, Honduras recibió de México 25 mil 155 inmigrantes deportados, de los cuales 2 mil 102 fueron niños, así como otras 2 mil 343 personas desde Estados Unidos, de los que 19 eran menores, según cifras oficiales.
La mujer aseguró que el “coyote” cobraba por trasladar a Estados Unidos a su esposo y a su hijo unos 200 mil lempiras (8 mil 333 dólares), que le pagaría con el trabajo que esperaba lograr una vez que obtuviera en empleo en Estados Unidos con la ayuda de sus familiares.
García relató que su esposo le había hablado el jueves pasado por teléfono para decirle que “estaba preso en Migración”, aunque sin precisar el lugar donde se encontraba.

